Debo salir de esta sala circular de espejos,
Veo como se refleja el fuego siempre diferente y uno,
Veo el río que fluye, y los diferentes caminos por los que los ríos corren (y se ahogan y me ahogan).
Tengo en mí a Jano, a la trinidad, a los cuatro vientos, a los seis horizontes del Oriente
Tengo a todos y a cada uno de los lados
de un polígono infinito,
que es un círculo, y una esfera, cuyo centro está en todos lados en su circunferencia en ninguno.
Soy todos y cada uno de esos espejos, de esos reflejos,
De ese monstruoso Argos de mil ojos.
Me veo en ellos, pero no me encuentro en ninguna parte.
Poseo un א en cada ojo,
y no soy el sueño de Nadie (tampoco el tuyo),
y no puedo despertar, ni vislumbrar el primer sueño de esta trama infinita.
Para mí la atormentadora vigilia,
el frío acero que ya no se desliza sobre el hielo,
la existencia y su insistencia.
Creo morir en espejos rotos,
pero me despierto multiplicado y fragmentado,
en cristales
en espinas de flores ausentes.
Mi rostro cambia como el tiempo,
y el tiempo transcurre entre mis rostros.
Estoy condenado,
Mi naturaleza fluye,
Pero no soy aquel que tus ojos acompañan y no hay mujer que, en algún sueño perdido, me de existencia.
No tengo tu amor,
que me daría reposo,
que detendría (o relajaría) este continuo y vertiginoso fluir,
Este no saber quién soy.
Busco tus ojos, busco tu alma,
en donde sea,
Sos mi otra parte, sos mi yo más íntimo,
(pero no se dónde estás, ni dónde estoy).
Quiero fundirme en ti,
para ser yo.
Te quiero a ti y a tu esperanza.
Te quiero a ti,
Oh, caótica, excéntrica
Y Poderosa Afrodita.
Veo como se refleja el fuego siempre diferente y uno,
Veo el río que fluye, y los diferentes caminos por los que los ríos corren (y se ahogan y me ahogan).
Tengo en mí a Jano, a la trinidad, a los cuatro vientos, a los seis horizontes del Oriente
Tengo a todos y a cada uno de los lados
de un polígono infinito,
que es un círculo, y una esfera, cuyo centro está en todos lados en su circunferencia en ninguno.
Soy todos y cada uno de esos espejos, de esos reflejos,
De ese monstruoso Argos de mil ojos.
Me veo en ellos, pero no me encuentro en ninguna parte.
Poseo un א en cada ojo,
y no soy el sueño de Nadie (tampoco el tuyo),
y no puedo despertar, ni vislumbrar el primer sueño de esta trama infinita.
Para mí la atormentadora vigilia,
el frío acero que ya no se desliza sobre el hielo,
la existencia y su insistencia.
Creo morir en espejos rotos,
pero me despierto multiplicado y fragmentado,
en cristales
en espinas de flores ausentes.
Mi rostro cambia como el tiempo,
y el tiempo transcurre entre mis rostros.
Estoy condenado,
Mi naturaleza fluye,
Pero no soy aquel que tus ojos acompañan y no hay mujer que, en algún sueño perdido, me de existencia.
No tengo tu amor,
que me daría reposo,
que detendría (o relajaría) este continuo y vertiginoso fluir,
Este no saber quién soy.
Busco tus ojos, busco tu alma,
en donde sea,
Sos mi otra parte, sos mi yo más íntimo,
(pero no se dónde estás, ni dónde estoy).
Quiero fundirme en ti,
para ser yo.
Te quiero a ti y a tu esperanza.
Te quiero a ti,
Oh, caótica, excéntrica
Y Poderosa Afrodita.
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