Inconsciencia de ser
La Roca, superada cierta inclinación del terreno, realizó el movimiento esperado: rodó y se deslizó por la pendiente hasta alcanzar, luego de precisos movimientos, el tenso equilibrio de la quietud. Había rodado por última vez. Su tarea había concluido. Atrás dejó, en su huella, la impronta de su prepotente peso. 
Ya estaba del otro lado: su condena había llegado a su fin.
Sentía (porque todavía sentía) que algo había cambiado. Se sentía diferente y no solo porque su superficie había sido roída sin descanso, sino porque había dejado de ser un vil instrumento de tortura. Su último recuerdo fue la silueta de Sísifo perdiéndose en el horizonte.

El lento pero inexorable avance del tiempo la irá engulliendo... poco a poco, recuperará su inconsciencia de ser, poco a poco volverá a ser tan solo una piedra (entre las piedras). 





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